Málaga contemporánea

La ciudad de Málaga, al igual que toda la provincia homónima, sufrió una serie de períodos sucesivos de bonanza y decadencia durante la Edad Moderna. Fue durante estos siglos que la ciudad tomó la forma básica que tiene aun hoy en día. Su puerto fue siempre la principal fuente de riquezas para la región, pero su suerte estuvo marcada por los vaivenes geopolíticos de esta tumultuosa época en toda Europa.

Durante el siglo XIX, Málaga fue la primera ciudad española en abrazar la naciente Revolución Industrial, con una economía propulsada por su puerto y su aduana. El crecimiento de la burguesía local y de una clase obrera en expansión, además de la influencia de los movimientos socioculturales mundiales, hicieron que esta época fuera particularmente agitada.

El siglo XX

Málaga llega al siglo XX con una población empobrecida y con altas tasas de analfabetismo. La economía ha pasado a ser mayoritariamente agrícola, y unas pocas familias privilegiadas dominan la escena en una sociedad profundamente desigual.

Estos contrastes hicieron de Málaga una de las ciudades más tumultuosas durante las décadas anteriores a la proclamación de la Segunda República y de la Guerra Civil. Las masas populares protagonizaron quemas de iglesias, y la ciudad recibió el epíteto de ‘Málaga la Roja’, incluso eligiendo al primer diputado comunista de la historia española, Cayetano Bolívar.

La Guerra Civil y la dictadura franquista fueron particularmente duros con la ciudad, en gran medida debido a su historia de resistencia popular. Se cree que decenas de miles de malagueños fueron fusilados durante el conflicto.

Las décadas de franquismo y la posterior transición significaron gran crecimiento económico para la región, especialmente gracias a la expansión del turismo internacional y de la creación de la marca ‘Costa del Sol’ sobre la costa mediterránea. La ciudad y provincia de Málaga pasaron a ser el centro económico del sur de España, y lo siguen siendo hoy en día.